LIBROS




Mi hermana y yo,
DE FIEDRICH NIETZSCHE

 
por Susanna
    
AMBROGETTI- 
ROSETTI TATO    
de 2º bachillerato C    
(abril de 2012)
 
Durante los días de vacaciones de Semana Santa, se me ha presentado la muy adecuada oportunidad de leer Mi hermana y Yo de "el gran filósofo con el martillo". Sinceramente, me emocionaba la idea de conocer a este autor; sino fuera por el espanto de intentarlo y no haberlo entendido, sé que antes lo habría hecho.

Para interpretar correctamente las memorias que recogen este libro es interesante tener en cuenta que fue escrito durante la etapa de demencia de Nietzsche, cuando estuvo recluido en un sanatorio de Lena del 1889 al 1890. El contenido es totalmente autobiográfico; ya que nos narra su vida desde la infancia, tratando temas como la muerte de su padre y de su hermano de dos años, a quien recuerda como alguien que apenas vivió y la lamentable relación con su madre de la que se vale para comenzar el diario, escribiendo una "pesadilla" en la que acude a su entierro: la odia porque, según él, tiene parte de culpa en su locura. Por último, lo más sorprendente de su niñez es la relación incestuosa con su hermana pequeña Elizabeth, uno de sus grandes amores; será durante su juventud la responsable de rematar su trastorno alejándolo de otras personas importantes en su vida como lo fueron la Condesa Pforta con la que aprendió todo lo relacionado a lo carnal y gracias a ella desarrolló el concepto de eterno retorno, y Lou Salomé, la mujer que no solo le mostró al superhombre, sino que le reveló la eternidad del amor.

Por el contenido caústico de la obra, Nietzsche comprendió que no podría ser publicada hasta después de la muerte de los protagonistas de la histora, de su historia. Por eso le confió los manuscritos a un compañero del manicomio que en ocasiones parecía que nunca iba a ser dado de alta. Nietzsche nunca supo si podríamos leer su libro, pero la esperanza de su destino cumplía para él una función paliativa de su enfermedad.

"Puedo decir en verdad con Dostoievski: ¡He amado; y he sufrido; pero por sobre todo, puedo realmente decir que he vivido!"

La implicación de Nietzsche haciendo del trabajo su vida, su temperamento genial, creativo y polémico, y la vicisitudes en sus relaciones amorosas, me recuerdan al Molière de 200 años antes. Ambos entregaron su existencia a su obra, y los dos murieron hacuiendo aqeullo que les hacía sentir vivo pero los mató. Molière murió precisamente en plena representación de El enfermo imaginario. Y Nietzsche, sosteniendo el martillo, inmerso en su profundo wagnerianismo, el Anticristo, el "minotauro" de los filósofos de sus tiempos, el tercer maestro de la Sospecha, un dionisíaco y soluto que no frecuentaba orgías, un bohemio que no goza de la bebida, un exponente del torbellino universal que se encontraba tan enfermo que no podía rodear la cintura de una mujer con su brazo y bailarla. Y su característica megalomanía con la que se sirvió para matar a Dios, como el puñal que le clavó don José a Carmen, él lo mató porque no reconocía su existencia.





















Fiedrich Nietzsche










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