IN MEMORIAM




por Juan Andrés MOLINERO MERCHÁN,  profesor del departamento de geografía e historia

In Memoriam de Don Antonio Navarro














"Siempre me pareció hombre de buen talante, magnífica persona y contemporizador; con criterio propio."

















"La impronta que ha dejado en todos estos años es una medalla que no se puede medir ni pesar."


















"Siempre activo y dispuesto, sin prisa pero sin pausa; responsable y con solvencia profesional... siempre atento a lo esencial."
  
   COMO DECÍA EL POETA DE ORIHUELA, temprano madrugó la madrugada. Para todos nosotros también ha sido un manotazo duro y un gope helado la pérdida de Don Antonio Navarro. La naturaleza ha querido desasirnos sin piedad de un compañero con la prontitud de un rayo, cuando aún veíamos en él a un hombre fuerte y robusto, como lo fue siempre; sin embargo, Natura camina por sus fueros desatenta a los reclamos más humanos, virando a su antojo con la ceguera de la diosa Fortuna: que en este caso ha sido desgarradora y cruel, dejándonos con el dolor más descarnado y congelado el aliento. Con todo, es muy firme la sentencia clásica que nunca debiéramos olvidar: Natura humana aevi brevis est. Antonio ha cumplido su tiempo y lo ha hecho con dignidad. Hace más de una veintena de años que lo conocí en el Instituto, y a bote pronto capté su forma de ser y entender la vida. Físicamente Navarro era un mocetón de El Viso desgarbado, como un armario de tres cuerpos, un tanto desmadejado en el aliño y andares mastodónticos: lento de movimientos y pisada queda; mirando casi para abajo para ir al parejo de los demás. Siempre me pareció hombre de buen talante, magnífica persona y contemporizador; con criterio propio y dejarse arrastrar por las veleidades de los figurones al uso. En el ámbito académico y departamental de Historia ha sido siempre un pilar sólido en el trabajo, cumplimiento de sus tareas y relación personal; su disposición era encomiable, poniéndose rápido manos a la obra: preparando cuadernillos para pendientes; realizando y adaptando las incómodas programaciones; estableciendo criterios para elegir materias a comienzos de curso, etc. Ese era Don Antonio siempre activo y dispuesto, sin prisa pero sin pausa; responsable y con solvencia profesional. A veces aparentaba ser un tanto olvidadizo y despistado, pero siempre atento a lo esencial. Más allá de lo puramente académico, Antonio ha estado desde siempre involucrado en cuestiones de dirección y gestiones varias, participando en cargos que le embargaban en un sinfín de tareas completamente incómodas, que ha llevado con la mayor afección, sin quejumbres inútiles. Lejos de protagonismos insustanciales de primera fila, su papel ha estado constantemente en la retaguardia y entre bambalinas (vice dirección, sub...), trabajando de forma callada, sin estridencias ni mayores aspiraciones: una de estas personas que se precisan continuamente en la sombra para que las cosas funcionen, con su trabajo regular y tesón en las tareas machaconas (que son siempre imprescindibles).

   En el espectro de la docencia de Antonio prevalecerá un magnífico perfil profesional, cumpliendo con el ejercicio del aula  en todo tipo de cursos y niveles (sin desmerecerse con cursos bajos), con especial afinidad hacia la Geografía de Segundo de Bachillerato, en la que ha preparado a muchas generaciones de alumnos; la impronta que ha dejado en todos estos años es una medalla que no se puede medir ni pesar, pero prevalecerá vivamente en la memoria de muchos pedrocheños que han pasado por nuestro instituto y le deben su agradecimiento. La mayor empresa en la que siempre le he visto con ilusión ha sido la organización de la excursión de final de curso, a pesar de los disgustos constantes, malestar e inquietud ante las faltas de consideración del alumnado (en el pago, retrasos, retiradas, etc.); sin embargo, Navarro lo sobrellevaba con la mayor normalidad, y hasta parecía enfadarse en broma cuando ponía su perfil más serio a los infractores. Indudablemente los alumnos le quieren.

   En lo más personal, nuestro querido compañero ha hecho gala de talante moderado y avezado criterio; ni un peón servil del aparato burocrático ni un alfil de criterio imperativo; más bien un hombre de porte afable y siempre acompasado a los compañeros, a las tareas y necesidades. Sobre su naturaleza y origen tengo que subrayar que ha formado siempre piña con el colectivo de El Viso, compañeros y amigos, que han compartido durante muchos años la amistad, el respeto y la tolerancia de caracteres tan distintos; ellos han perdido sin duda un eslabón de muchos quilates, y lo sentirán en lo más hondo, como algo propio y muy suyo. Con Antonio Navarro han compartido instituto, pero también una parte importante de su existencia en El Viso; en sus aparcerias consuetudinarias en Añora (con Elías), en Pozoblanco y en las ferias de los pueblos de alrededor; conversaciones amenas de taberna, consideraciones diversas y disputas del tres al cuarto que amenizan los ratos de convivencia y traslados sempiternos.

   Don Antonio Navarro nos ha dado lecciones con su buen carácter y temperamento; le recuerdo haciendo bromas y chanzas de aquí y de allá, realizando mohines con su vozarrón estremecedor, creando intriga en sus relatos, y ese desenlace sembrado siempre con una sonrisa bonachona, casi patriarcal y sentenciosa en cuanto decía. La vivacidad y emprendimiento ha sido siempre un activo en su vida (con mayor o menor acierto), iniciando negocios domésticos sin mucho empeño, participando en la política municipal del Ayuntamiento viseño y en concejalías diversas, etc. También ha sido buen contertulio en cacerías, sin ser cazador activo, pero buen conocedor del percal y catador del cocido de estas jornadas colmadas de juerga y esparcimiento al uso. Navarro ganaba mucho en las distancias cortas, donde dejaba entrever ese fondo de buenísima persona, de hombre familiar y buen amigo; cargado de vivencias y anécdotas que te contaba sin la medianía de esa personalidad un tanto hermética y acorazada que a veces proyectaba a diario sin querer (tal vez timidez).

   En el epílogo de su pérdida irreparable, simplemente nos queda guardar en el centro y nuestras vidas la memoria de un buen hombre, amigo y profesor que en su perfil más sincero nos seguirá mirando con ese punto de contención y espera, expectante, y esa sonrisa un tanto burlona y bonachona que parece decirnos que seguirá siempre con nosotros.





                                                                                      
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