FILÓPOLIS





De tiempos y teor
ías


por Antonia

FERNÁNDEZ
RÍSQUEZ,
de 2º de Bach. Adultos
Humanidades
Entre tarea y tarea u oficios varios he encontrado un hueco para acabar lo que inicié el año pasado. Me estoy refiriendo al artículo que se publicó en la anterior edición, y que, por algún error de impresión quizás, quedó incompleto. Concretamente los dos últimos versos de un poema no aparecieron. Puede que ya no sirva para nada y que nadie busque la revista para unírselos, no importa, por si alguién lo leyó y tuvo la misma ausencia que yo. Los versos eran estos: "de que el tiempo éramos nosotros". Ya aclarado, no voy a reiterarme nombrando el efecto inexorable del paso del tiempo precisamente porque él no lo hace conmigo. Solo compartiremos los momentos, los buenos, que no siempre son los felices, sino los que nos han definido o exaltado. Las horas de clase, los minutos de un café con dudas. Esos manojos de culpa posados cuando no hemos estudiado lo suficiente. Las preguntas, los amigos, la elección. Todo pasa y todo queda...
Nada hay cierto, ya buscan el conocimiento los filósofos,  pero siguen cuestionando todo.  Alguna vez nos dan respuestas, "sus respuestas" pues, desde esta humilde voz, aun rozando el equívoco, la obviedad, yo le haría una de la que, al menos, por ahora no he tenido explicación, ni teoría o justificación:
¿Por qué se nos mueren las madres, y no lo hace la tierra, el sol o el agua?
¿Qué nos queda de ese vientre que se esparce como el rocío en tela de luna?
¿Para qué nos roza el amor, en un retrato en el que se lanzan flores?
Pocos han puesto en duda que la vida del hombre es efímera y que si existe cosa capaz de invocarla, detenerla, aprehenderla, en definitiva, no se trata sino de la memoria, que mucho más allá de los recuerdos, constituye un preclaro exponente de transición en ese tiempo. Antes y ahora, filósofos, narradores, poetas, han sido incapaces de hallarle sentido, han batallado contra la finitud, en una agonía ante lo inevitable.
Estoy convencida de que la muerte, la aparente caducidad del universo, lejos de antagonistas del Ser, se hallan en él, unidas a la realidad de lo finito, eso constituye simplemente un cambio de estado, una metamorfosis, que conduce de forma ineludible a la eternidad.
La vida, a sus designios quedo.
Eres tú, y son los idos,
quienes por estos cuerpos nuevos vuelven
a la vereda oscura
y ante el tránsito ciego de la noche
huyen hacia el oriente
dueños del sortilegio
conocedores del fuego originario
la pira donde el fénix muere y yace.
Luis Cernuda


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