FILÓPOLIS









por Rafael
ARÉVALO GARCÍA,
de 2º de bachillerato
Platoneando
sobre un banco
DOÑA ESTHER CORBACHO, PROFESORA DE FILOSOFÍA ENTRÓ UN DÍA EN CLASE Y ENCONTRÓ UN BANCO DEL PASILLO DENTRO DE ELLA. INVITÓ A SUS ALUMNOS A REFLEXIONAR SOBRE EL BANCO, HABÍAN ESTUDIADO A PLATÓN...
NO SABÍA SI ERA SUEÑO O PESADILLA...

















"Su abuelo empieza a explicarle lo que va viendo...¿No crees que ahora es cuando empieza a vivir la vida?"



Miguel se despertó con un sudor frío que recorría toda su piel, empapaba su pijama y nublaba la razón. No sabía si era sueño o pesadilla. Tan sólo recordaba,como una reminiscencia febril, la siguiente frase:"Érase una vez un banco del parque que apareció en un lugar oscuro" y ya está, o eso pensaba él, pues no era capaz de recordar lo que le seguía, si seguía. Tras unos minutos tratando de calmarse, se tumbó e intentó dormirse. No lo consiguió. Al día siguiente seguía pensando, como no, en la frase su significado ¿Por qué le causaba tal estupor?¿Por qué cuando pensaba en ésta sentía su corazón latir más fuerte, sus dientes rechinar y las arrugas de su frente tornarse más visibles? ¿Por qué notaba como si hubiese recorrido un inclinado terraplén que ensangrentaba sus rodillas y llenaba de dolor sus meninges?

Todavía se hacía estas preguntas y más cuando terminó la segunda hora del horario escolar del día siguiente. Era la hora del recreo. Fue a reunirse de inmediato con un amigo suyo, que sabía que rondaba por allí. Al llegar allí, lo encontró despidiendo a unos compañeros de clase. Les devolvió el seco saludo que recibió de ellos y empoezó una conversación con su amigo. Tras un rato, decidió contarle lo del sueño:

- Bueno, qué sueño más raro, ¿no?- respondió su amigo sin prestar mucha atención - ¿Por qué estás tan rayado por un simple sueño?
- No sé, es algo raro, es como si fuera algo importante.- respondió Miguel
- Mira, los sueños, sueños son, no sirven para nada realmente, no vale la pena pensar en ellos tanto, al fin y al cabo, es mejor centrarse en este mundo, el real, en el que vemos y tocamos- le argumentó.
- Ya, claro,pero aún así no puedo evitar seguir pensando en esa frase.- su amigo no parecía poder comprenderle.
- Esto te pasa por atender en filosofía, eh, oye, ¿seguro que no tomaste nada raro antes de ir a dormir?- y dicho esto se echó a reír como si el chiste hiciese gracia.
- Tú no podrías comprender ni el pensamiento de una piedra.- le increpó Miguel, irritado.
- Pero parezco ser el único aquí que piensa con los pies en la Tierra.- le rebatió su amigo, con cierto aire condescendiente.- Vamos a ver, ¿de verdad piensas que tanto pensamiento vale la pena? La vida es fácil, sólo tienes que sentarte y mirar, y como mucho tener cuidado de no caerte de la silla tras reclinarte demasiado para pensar.- y dio por zanjada la discusión.
 

El caso era que, en verdad, si bien no entendía especialmente de filosofía, sí hablaba de ésta con un profesor, del cual se había hecho amigo. Este profesor le había enseñado en las últimas semanas sobre muchas cosas, y no sólo filosofía, pues no era profesor de esta asignatura. Era profesor de ciencias, más especializado en química, pero gustaba de pensar, leer y saber de todo lo que pudiera. De esta forma, le había enseñado gran cantidad de cosas,  explicándole aquello  que le era esquivo. Recordó así una conversación que había tenido con él un par de días atrás:

- Pongamos que hay un niño, ¿no?- empezaba a explicarle- que por su miedo, por el de sus padres, o el descuido de sus padres, o el miedo de sus padres se sienta tras venir del colegio delante de la televisión y no sólo se despega de la misma cuándo sus retinas se funden con la pupila y no sabe cuando empieza el reflejo de este aparato y cuando acaba el propio iris, y sólo sigue esta rutina de tele, cena, cama, ir al colegio, comer, tele, cena, cama, y siempre lo mismo, con lo cual sólo vive lo que paredes y caminos predefinidos por píxeles le permiten vivir ¿No sería una forma pésima de vivir? Es más, ¿no sería malvivir, en su peor vertiente?¿No sería el niño más que un autómata?
- Sí, sin duda- respondía ensimismado Miguel.
- Pues mira, ahora, un fin de semana viene de visita el abuelo, que vive en el campo, y que al ver al niño en esa tesitura decide llevarlo de paseo. Y el camino para salir de su casa y, por ende, de este tedio, le es al niño lo más difícil del mundo. Y, entonces, le lleva su abuelo a un parque donde le sienta a descansar de su viaje en un banco, desde donde se puede ver todo el parque, lleno de cosas preciosas, y, cuando el niño las ve, comienza a preguntarse que qué es eso. Y su abuelo empieza a explicarle lo que va viendo, hasta que el niño se levanta y decide ir a correr tras lo que le produce curiosidad, y hasta al abuelo le cuesta acompañarle. ¿No crees que ahora es cuando empieza a vivir la vida, interactuando con ella y descubriéndola poco a poco?

- Sí, tienes razón, así es.

Tras pensar en esta conversación, empezó a sentirse lúcido, con ganas de dormir. Así pues, nada más llegar a su casa, se fue a soñar. Y lo hizo. Pero esta vez si se acordó del sueño. Pues cómo iba a olvidarse de aquella visión de completa oscuridad en la que se hallaba, de la cual trataba de salir con inútil desesperación. De pronto, vio una luz, tenue, pero luz, y se acercó a ella. Conforme se acercaba sus miedos y dolores se atenuaban y se sentía más ligero, como un pelele. Y fue ahí cuando, justo donde él creía que le esperaba la verdadera realidad, se fijó que en la zona de menor visibilidad, tras la luz, se hallaba  una figura, y, más allá de ir hacia esa luz, la atravesó, con gran pesar, y se acercó a la figura. Y fue ahí, cuando tocó la madera tan modesta, cuando tomó asiento, cuando sintió que sus rodillas estaban más recrudecidas que nunca, y que sus meninges estaban listas para sentir el valor que tuviera que sentir en un futuro. Pues sabía que había empezado un largo camino.



volver