INTERCAMBIO A DINAMARCA




por Silvia
SÁNCHEZ RUBIO  de
 2º de Bachillerato A

¡¡La semana se nos pasó en nada!!



















"No podría explicar la sensación y los nervios que sentí al verla por primera vez y poder hablar con ella."

































"Nos hemos dado cuenta de la facilidad que tenemos para hablar un idioma que no es el nuestro durante toda una semana y poder habernos entendido a las perfección con ellos."
   El 27 de octubre de 2014, estando en clase de filosofía, llaman a la puerta para darnos la información y las fotos de nuestras danesas, en mi caso Julie Kobberup, de 18 años, vegetariana, lo que me asustó un poco por el tema de la comida. Después de eso, cuando entramos a la clase, no pudimos evitar la distracción de todos ya que los papeles estuvieron rondando por el aula toda la clase, estábamos tan entusiasmadas por la noticia que no podíamos pensar en otra cosa. Finalmente, tres semanas después, todos los implicados en el intercambio nos encontrábamos frente a nuestro instituto con nuestros respectivos padres esperando el autobús que traía a nuestros daneses. La espera se nos hizo eterna y los nervios nos comían mientras estábamos esperando el autobús, pero por fin llegó el momento, los daneses bajaban del autobús y corrimos como locos en busca del nuestro.

   En mi caso debo decir que fue muy fácil encontrarla ya que llevaba hablándome con ella varias semanas y había visto muchas fotos, pero aún así no podría explicar la sensación y los nervios que sentí al verla por primera vez y poder hablar con ella, aunque debo decir que los nervios de mis padres eran aún mayores.

   Después de la presentación y de que ella hubiese cogido su maleta, nos dirijimos hacia el coche y decidimos ir a casa, ya que ella se encontraba muy cansada. En cuanto llegamos a la casa lo primero que hizo es preguntarme si podía quitarse los zapatos, yo me quedé un poco sorprendida y ella me explicó que en Dinamarca es lo normal. Después de hacernos la cena y haberse duchado, nos quedamos hablando muchísimo rato hasta que ya no aguantamos más y nos fuimos a dormir.

   Al día siguiente, nos reunimos todas las familias e implicados en el intercambio para un día de convivencia en el que disfrutamos muchísimo con ellos y con el grupo que contrataron para animar la fiesta, ya que tuvieron que bailar la música típica de nuestro país, entre ellas las sevillanas.

   Durante la siguiente semana los daneses se amoldaron a nuestro horario de instituto, aunque ellos tenían planificadas una serie de actividades para que nosotros pudiésemos dar nuestras clases con total normalidad. Visitaron las instalaciones de COVAP, los llevaron a la olivarera, visitaron algunos de los pueblos del Valle de los Pedroches y sus monumentos más significativos... Sin embargo el martes de esa semana estaba planificado un viaje a Córdoba en el cual pudimos ir con ellos y visitar durante todo el día sus monumentos más famosos, como son la Mezquita y el Alcázar de los reyes cristianos. Esta fue una experiencia muy bonita para ellos, ya que se asombraron ante la amplitud y las formas de estos dos importantes monumentos.

   Con respecto al tema de la comida, que era uno de los que más me preocupaban debido a la tendencia alimenticia de Julie. Me llevé una gran sorpresa, ya que no puso ninguna pega a la comida y nuestra convivencia y entendimiento con ella no pudo ser mejor. Después de esto, por la tarde también tenían programadas distintas actividades en talleres o distintos lugares para que nosotros pudiésemos aprovechar ese rato y llevar al día nuestros estudios, aunque el viernes y el sábado lo tenían libre para que programásemos nosotros actividades con ellos y nuestras familias.

   Como el sábado no había ninguna actividad planificada decidimos ir todos a Sevilla, para que no se fuesen sin ver una de las ciudades mas bonitas de Andalucía. Fue un día increíble para todos, incluido para los padres que vinieron con nosotros, sin los cuales no habríamos podido hacer esa maravillosa excursión. Visitamos lugares famosos, como la Giralda, el Alcázar, la Torre del Oro, el parque de María Luisa... Cuando regresamos del viaje muchos de los daneses querían salir de fiesta e ir a la discoteca con sus danesas, otros estaban muy cansados y decidieron quedarse en la casas, ya que la despedida era el día siguiente y necesitaban descansar de toda la semana. En mi caso, toda mi familia y Julie nos levantamos muy temprano y nos fuimos a desayunar fuera para pasar las últimas horas juntos.

   Sin darnos cuenta se nos presentó la hora de irse, la semana se nos había pasado en nada y tocaba despedirse. No podía creer que se tuviesen que ir y que todo lo vivido en esa semana se terminase ya. Me parece increíble todo lo que hemos podido aprender de personas que viven en mundos totalmente diferentes a nosotros y la cantidad de buenos momentos que nos han hecho pasar, y no solo eso sino que también nos hemos dado cuenta de la facilidad que tenemos para defendernos en un terreno totalmente diferente, que es el de hablar un idioma que no es el nuestro durante toda una semana y poder habernos entendido a la perfección con ellos, lo que considero un ejemplo de superación y aprendizaje.

   En lo que a mí me respecta, estoy deseando volver a verlos, volver a estar en la calle con Julie, y hacer ese increíble viaje que nos espera.



                                                                       
                                                                           Volver