LIBROS




por Guillermo TRUJILLO ESCUDERO, de 2º de bachillerato C (mayo de 2014)
Ecce Homo,
DE FRIEDRICH NIETZSCHE













"¿Que sería de la raza humana si no hubiese nadie que se diferenciase del resto, y conformarse esa "vanguardia" de la que hablaba Ortega que marca tendencia en cada generación?"









"Nos aferramos a una democracia y una constitución que están caducadas para los tiempos que corren. Seguimos siendo aquellos pensadores occidentales que criticaban Nietzsche al evitar el cambio."























"¡Ojalá y Nietzsche hubiera sido más entendido entre sus contemporáneos! ¿Seguiríamos a día de hoy viviendo inmersos en lo nihilista con ese "Dios Mercado"?"







   En esta radical autobiografía, en la que lleva a cabo un último intento de dar a conocer su filosofía mientras su desesperación comienza a dejarse entrever, el alemán muestra sus facetas más polémicas y a la vez las que le convierten en un filósofo tan comentado actualmente. Llama la atención la fecha en la que publica esta recopilación de toda su filosofía, 1888, poco antes de terminar en manos de la locura y ser internado en un psiquiatrico estatal de Basilea.

   Nunca antes se había criticado de manera tan poderosa a la que había sido la base de occidente, su cultura y nunca antes se había atentado contra ella. Por ello se habla del culmen de su filosofía al tratar esa obra; se refleja en ella mediante un genial relato a modo de confesión íntima el porqué de todas esas ideas que Nietzsche tenía en esa cabeza tan desequilibrada para unos y tan ordenada para otros.

   Sus aires de superioridad se hacen indiscutibles en el simple hecho de observar las distintas partes en las que se divide la obra: "Por qué soy tan inteligente, por qué escribo libros tan buenos..." o al tratar como "regalo" todas sus obras. Su prepotencia rebosa los límites de sus palabras. Pero con ellas, creo que ha publicado una labor filosófica verdaderamente destinada a sus objetivos como conocimiento: entender la realidad por y para el hombre. Pero en la misma línea, también pienso que sin esa altivez que lo caracteriza, no se llega a ningún lado (siempre que la razón se encuentre de su parte, claro está). Hace falta de sabiduría, valentía y de impulsos de curiosidad, esos que oscilan entre lo grosero y lo sublime, esos que llevan a escuchar detrás de las puertas o a descubrir América. ¿Que sería de la raza humana si no hubiese nadie que se diferenciase del resto, y conformarse esa "vanguardia" de la que hablaba Ortega que marca tendencia en cada generación?

   De vuelta a su obra, en los primeros capítulos en los que describe su propia labor filosófica, habla de la muerte del que se ha sido uno de sus mayores referentes en su vida: su padre. Él era un joven, y quizás ese hecho fue uno de los que le llevó a terminar replanteándose la existencia de ese ser al que le hablaba cuando miraba al cielo pidiendo una ayuda que no llegaba.

   Así, Nietzsche terminó llevando al bando de la mentira todos los fundamentos en los que él mismo había basado su moral y forma de ser, tachándolos de NIHILISTAS, vacíos, por apoyarse en algo que verdareramente no existe. No le fue fácil a Nietzsche aceptar sus propias palabras, y es por ello, que se habla de varios momentos en su filosofía: un primer momento que él mismo considera como un "largo periodo de enfermedad", en el cual el nihilismo se apodera de sus valores y de él mismo, llevándolo a una tremenda duda en la que la desorientación es su pan diario.


   Pero no tarda en llegar el momento de la reflexión, de la aceptación de toda esa decadencia y de su superación. Por ello, han de ser transmutados todos los valores anteriores, propios de una moral de esclavos, creando consecuentemente una nueva jerarquía cuya cúspide estará conformada por todo aquel que sepa iniciar ese proceso de distanciamiento de la cultura occidental, de "descubrir de nuevo la vida", de "saborear todas las cosas buenas e incluso las cosas pequeñas como no es fácil que otros no puedan saborearlas". Nietzsche llega mediante la reflexión al rechazo de toda esa filosofía occidental. Y ese distanciamiento es el que le hace restaurar sus valores y ver en las cosas diarias e insignificantes la esencia de la vida. Así pasa de tener una moral esclava, adicta al sufrimiento, a la compasión y al no disfrute, a una moral señorial, en la que esos "impulsos desinteresados", ese "amor al prójimo" y esa disposición a "dar consejos y a intervenir" pasan a ser síntomas de debilidad y de incapacidad para resistir a los estímulos, típicos del débil que califican de virtud lo que en verdad ha de llamarse compasión. Y ahí entra en juego la religión. Como bien afirmaba su contemporáneo Carlos Marx, "la religión es el opio del pueblo" en el momento en el que el ser humano acude a ella como medicina para sanar todo mal de su infernal existencia, pasando así a ser débil, doloroso, dependiente, esclavo... El ser humano de occidente vive esperando su llegada al más supremo de los cielos, pues le han inculcado que allí será donde realmente conozca la felicidad. Pero como bien dice Nietzsche en la obra al describir a su "Así habló Zaratrusta" como un libro para todos o para nadie, "se paga caro el ser inmortal: se muere a causa de ello varias veces durante la vida".

   Considero personalmente a esos hombres como esos niños pequeños a los que le sobran la mitad de los dedos para contar sus años, que están constantemente pidiendo ayuda, y que si ven desaparecer a sus padres, lloran y lloran. La diferencia radica en la edad, y la consecuente madurez. Es triste que filósofos como Kant hayan intentado hacer madurar a la población civil con el carácter formal y pedagógico de su ética a la vez que han colocado, en concreto este filósofo prusiano, en sus postulados de la razón pura un ente imaginario que ha de existir para que siga en pie toda nuestra moralidad. Todas esas "virtudes" son las auténticas compasiones.

   En este segundo momento Nietzsche en su obra habla de las distintas maneras con las que ha empezado a apreciar la vida de la manera en que se merece: con el concepto supremo del lírico de Heinrich Heine, con su trato íntimo con Richard Wagner, con la exquisita cocina de Leipzig, con simples figuras como la de Paul Rée... Todo ello le ha llevado a saber que sus años de vitalidad más baja terminaron siendo los años en que el pesimismo quedó a un lado, el recelo a la vida pasaron a ser ganas de amarla, y entonces sus instintos le prohibieron una filosofía propia de esclavos, de pobreza y de desaliento. Habla en la obra de ella como "una vida voluntaria en el hielo y en las montañas" cuyos principios son una constante "búsqueda de lo problemático y extraño que hay en el existir". ¿Por qué insistir por ejemplo en querer establecer unas leyes meteorológicas de carácter científico fijas e inmutables cuando el tiempo es un verdadero enigma, al igual que todo en esta vida?

   Bien afirmado está que el saber qué somos, presupone "el no barruntar ni de lejos lo que se es". Todas esas conjeturas todos esos "errores" no son fruto de una equivocación, son fruto de la cobardía humana. Desde nuestros más remotos ancestros, el humano ha huído asustado de la variedad, del cambio, y ha instaurado asi una voluntad de apariencia con la que toda perspectiva acerca del ser ha quedado descartada, instaurándose una única definición de éste, un único concepto que como bien dice en otras obras, "momifica" la aunténtica realidad. Prueba fehaciente de este miedo es Dios, esa cosa abstracta tan criticada por Nietzsche por ser el pilar fundamental de la religión cristiana. Con él, el ser humano pasa a ser mediocre, a empequeñecerse y a ser entonces "uno más" de ese rebaño que se encarga de formar la religión. La distinción, señores, la distinción es la que marca el cambio, la que hace evolucionar al hombre.

   Volviendo a los grandes momentos de su filosofía, en el tercero se puede enmarcar la intuición y la voluntad de poder. O mejor dicho, una voluntad de vida que acepta la incapacidad racional humana en cuanto a la simplificación del devenir (descubriendo que los límites de lo real son infinitos) y que considera como verdad todo lo que favorezca a la vida.

   Este camino, cuyo destino es el superhombre, ha quedado estancado en la mitad del trayecto, y dudo que algún día alcance su meta. Desde que tengo uso de razón he ido apreciando que en esta sociedad hacen falta muchos cambios. Nos aferramos por ejemplo a una democracia y una constitución que están caducadas para los tiempos que corren. Y como a ellas, a todo concepto simplificador. En cierto modo, seguimos siendo aquellos pensadores occidentales que criticaba Nietzsche al evitar el cambio. Necesitamos más "vientos del norte" como el suizo/alemán que "tiren los higos" del árbol de la mentira.

   Nietzsche, ese "nuevo profeta de la humanidad", ese "maestro por excelencia" de olfatear lo decadente, esa "naturaleza antitética de esa especie de hombres venerada hasta ahora como virtuosa", ese "sátiro antes que santo", ese ser alterno al que no "agrada una respuesta burda como lo es Dios", que tan desafinado como el "instrumento hombre" ha llegado a una sociedad que como ya es costumbre a los genios se les reconoce su mérito demasiado tarde e incluso no se les llega a reconocer.

   ¡Ojalá y Nietzsche hubiera sido más entendido entre sus contemporáneos! ¿Seguiríamos a día de hoy viviendo inmersos en lo que nihilista con ese "Dios Mercado"? Un pensador que ha marcado tanta tendencia diagnosticando el nihilismo como la enfermedad por excelencia de su época, de la anterior, y de la actual, no debería a día de hoy seguir siendo tachado de loco a no ser que el involucionismo de la raza humana sea un hecho.

                                                                               
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