IN MEMORIAM



Hasta siempre, compañero y amigo
por Luisa RAMÍREZ MOLINA, profesora del departamento de inglés
   Querido Antonio:
   Estar aquí presente en este homenaje no me produce sino sentimientos encontrados, felicidad por un acto hermoso y dolor ante la ausencia. Cuesta demasiado y es tremendamente doloroso asimilar tu prematura e inesperada partida. Es curioso, en vida no se me hubiera pasado por la imaginación transmitirle estas palabras pero ahora siento la imperiosa necesidad de hacerlas públicas, como amiga.
   Quienes tuvimos el privilegio de compartir contigo un sinfín de inolvidables y gratos momentos, fuimos afortunados por habernos cruzado contigo y así llegar a conocer a una persona excepcional, auténtica, con un corazón enorme. Tenías el don especial de saber llegar a la gente y cautivarnos a todos con la calidez humana de un hombre generoso y la sencillez y humildad de un hombre como diría Antonio Machado en el buen sentido de la palabra, BUENO, íntegro, sin vueltas ni dobleces, sin ostentaciones. Eso es precisamente lo que te ha diferenciado del resto de los mortales.
   Desde que te marchaste, Antonio es imposible entrar en el instituto, pasar por dirección o jefatura y no sentir tu ausencia porque, desde que te conozco, siempre estuviste allí. En el devenir diario de estos años hemos sido testigos permanentes de tu profesionalidad, seriedad y rigurosidad en el trabajo, formando parte del equipo directivo hasta el último momento, comprometido con tu centro, dedicando tu tiempo y esfuerzo por hacer las cosas siempre un poco mejor. Debo decirte que tu apoyo en mis años de jefatura ha sido inmesurable. No recuerdo una sola vez que necesitara tu ayuda y no estuvieses cerca, siempre colaborador, compañero de fatigas, o como llamó Miguel Hernández a su amigo, COMPAÑERO DEL ALMA, COMPAÑERO, aconsejándome con palabras sabias, amables y conciliadoras. ¡Qué lujo tenerte como compañero y amigo! Este equipo te echará mucho de menos en sus reuniones, reflexiones y toma de decisiones. También tus compañeros de claustro en tus interminables intervenciones en ruegos y preguntas, ( en más de una ocasión le hice señas a Fernando para que no te pasara el micrófono o te daba patadas debajo de la mesa para que terminases pronto). Fuiste un orador nato, siempre entregado a tu público. Eso sí, cauto y educado, nunca diste un paso ni demasiado adelante ni demasiado atrás, todo en su justa medida o siguiendo la máxima "es mejor echar de menos que de más". Siempre admiré eso de ti, incluso en los momentos de más tensión nunca perdiste la compostura, como profesor, compañero e incluso en tu faceta de político (como me comentaba María José Delgado en una ocasión) ¡Qué difícil ser así en el mundo en el que nos movemos hoy en día!
   Son muchos los momentos en los que cierro los ojos y revivo algunas anécdotas e historias compartidas estos años sin poder evitar una sonrisa. ¿Recuerdas ese primer viaje a Londres? ¿De dónde sacabas tanta energía para que después de un día agotador quisieras seguir tomando cervezas en el bar del hotel? Cervezas... Hasta que descubristeis Francis y tu departamento de historia, Morillo, Pedro Pablo y Juan Romero esa exótica bebida llamada blackcurrant o como tu pronunciabas blackcurrant, el inglés fue tu asignatura pendiente pero eso no te impidió pedirla con desparpajo al camarero y disfrutar su sabor cada noche con tus compañeros. Pecaste de inocente cuando en un pub inglés al salir del servicio comentabas, con pudor, cómo un trabajador, fornido y de color, con educación británica te ofrecía gel para lavarte las manos. Tu naturalidad te llevó a comentarlo, descubrimiendo con sorpresa, pues los demás callaron, que tú no habías sido el único pero sí el último. Y esa noche en Berlín, mientras todos los compañeros cenaban en un italiano, nosotros caminábamos sin parar para encontrar y comprar, sin éxito, un CD de música para un amigo de El Viso. En el siglo XXI, Antonio, ¿no sabes que puedes comprar online sin tener que salir de tu casa? Pero caminar, caminar... buscando el búnker de Hitler en Berlín. Tú con Juan José de avanzadilla, con el mapa en la mano, guíando a todo el grupo, exhausto y famélico, para terminar en un lugar casi inhóspito en el que sólo había una placa conmemorativa que indicaba la existencia del mismo.
   Antonio, así es como te queremos recordar siempre, no con la rabia por los momentos perdidos, sino con el cariño y gratitud por todos los instantes que hemos compartido contigo.
   Fuiste divertido, entrañable, leal y fuerte, MUY FUERTE. A pesar de que la enfermedad te abatía y debilitaba día a día, transmitías energía de querer recuperarte, cada salida del sol era una batalla ganada, luchaste hasta la extenuación, sufriste el dolor en tu cuerpo pero ni siquiera entonces entregaste nunca la esperanza a pesar de que ya llevabas semanas serpenteando por la frágil e invisible línea que divide ambas orillas. La última vez que hablamos contigo nos dijiste que ya no tenías dolor pero no acabas de mejorar, que estabas preocupado. Intentamos darte ánimos, transmitirte fortaleza. ¿Qué se le dice a un amigo en esas circunstancias? Me hubiera gustado tener más tiempo para nuestra despedida, saber qué pensabas en tus últimos momentos, qué sentías. De nuevo, tu discreción hace alarde de tu valentía. Antonio, fue una pelea desigual, es verdad, pero a veces hay más gloria en la derrota que en la victoria y TÚ ya tienes el merecido y triunfador descanso del "infatigable guerrero". "Los hombres que viven no se mueren nunca, se duermen a ratos pequeños y el sueño infinito es sólo una excusa".
   Que sea esa gloria, esa fuerza, esa lección de perseverancia, que nada ni nadie nos podrá arrebatar, la que se torne esta noche en aplausos y lágrimas de despedida.
   Quiero expresarle una vez más mis condolencias a los familiares de Antonio, espero y deso que poco a poco vayáis recuperando la fuerza necesaria para sobrellevar vuestra pérdida. Recordad que vuestro hermano es y será siempre muy querido entre sus alumnos, compañeros y amigos.
Y todos nosotros que tuvimos la suerte la suerte de conocer a Antonio, D. Antonio Navarro para sus alumnos, procuremos mantener vivo su recuerdo y ejemplo.
   Quisiera despedirme de ti con un poema de John Donne, poeta británico, y que a Teresa le encanta. Ella ha querido que lo compartiese esta noche contigo.
   ¿Quién no echa una mirada al sol cuando atardece?
   ¿Quién quita sus ojos del cometa cuando estalla?
   ¿Quién no presta oídos a una campana cuando por algún hecho tañe?
   ¿Quién puede desoír esa campana cuya música lo traslada fuera de este mundo?
   Ningún hombre es una isla entera por sí mismo.
   Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo.
   Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia.
   La muerte de cualquira me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; ANTONIO, doblan por ti.

                                                                     
                                                                         volver












"No recuerdo una sola vez que necesitara tu ayuda y no estuvieses cerca."

















"Antonio, te queremos recordar siempre con el cariño y gratitud por todos los instantes que hemos compartido contigo."



















"Antonio, fue una pelea desigual, es verdad, pero a veces hay másd gloria en la derrota que en la victoria y TÚ ya tienes el merecido y triunfador descanso del "infatigable guerrero"."