JUBILACIONES



por Manuel DELGADO
JIMÉNEZ, profesor del departamento de Lengua y Literatura.

Manuel Delgado
PALABRAS EN EL ACTO DE JUBILACIÓN                      




"Quiero dar las gracias a mi mujer y a mis hijos, que han llevado pacientemente durante tantos años mi pasión por la enseñanza y que las preparaciones de clases, correcciones de actividades y exámenes,etc. se antepusieran ante cualquier otra cosa".







"En este centro he sido feliz, pues me he dedicado a lo que quería en el lugar que quería".
"Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde..."

Jaime Gil de Biedma: Poemas Póstumos


   Buenas tardes. (Gracias a todos por vuestra presencia en este acto). En septiembre de 1978 llegué a las puertas de este centro, sitio entonces en la calle San José, desde el instituto de enseñanza media de Hinojosa del Duque (hoy IES Padre Juan Ruiz). Con veinticuatro años, recién salido de las oposiciones, lleno de ilusión, venía "a llevarme la vida por delante". Iba a ejercer la profesión que yo deseaba: enseñar lengua y literatura española y, además, lo iba a hacer en el instituto que había soñado años atrás. Y desde entonces he estado aquí. Nunca me he arrepentido de aquella elección. Así que se puede decir que en este centro, donde he pasado prácticamente toda mi vida profesional y más de la mitad de los años que he cumplido, he sido feliz pues me he dedicado a lño que quería en el lugar que quería.
   De manera que tengo más que razones para estar orgulloso de este centro: aquí he desempeñado mi profesión, aquí se han educado mis hijos y los hijos de mis amigos, aquí he tenido la suerte de conocer a muchos compañeros que me han honrado con su amistad, aquí he impartido clase, orientado y aconsejado a muchos alumnos a los que he visto crecer intelectualmente, aquí he compartido muchas alegrías y algunas penas, y aquí llegué y me pusieron un alias definitivo. Hoy puedo decir con orgullo que he pasado por este centro y que este centro ha pasado por mí. Y por ello quiero dar las gracias: A mi mujer y a mis amigos, que han llevado pacientemente durante años mi pasión por la enseñanza y que las preparaciones de clases, correcciones de actividades y exámenes, etc. se antepusieran a cualquier otra cosa; a todos mis compañeros -a aquellos con los que compartí mis primeros años de instituto y que tanto me enseñaron con su ejemplo, su paciencia y amistad y a todos aquellos que he ido conociendo a lo largo de los años y que me han enriquecido con su trato, su amistad y su afecto-; a mis compañeros de departamento que tanto me han ayudado a lo largo de tantos años y que me han facilitado la labor como jefe cuando lo he sido; a todo el personal no docente (administrativos, conserjes, personal de limpieza, cafetería...) cuya dedicación ha hecho mucho más fácil mi tarea; a todos mis alumnos que han sido la razón última de mi trabajo; al equipo directivo al que permanecí, por haber confiado en mí, y a todos los que hicieron posibles las actividades extraescolares que entonces coordinaba; a aquellos que diseñaron y me confiaron el plan LyB y a los que me ayudaron a llevarlo a cabo.
   No quiero olvidarme de pedir que perdonéis mis fallos, mis errores y permitidme que, con versos prestados de Antonio Machado, os diga "conmigo vais,/ mi corazón os lleva".
   Toda despedida, todo ciclo que se cierra lleva consigo unos sentimientos a los que yo no he sido ajeno. Al salir del instituto, el último día de clase del trimestre, "desnudo de equipaje" -libros, cuaderno de notas, tablet, llaves...- se cerró de improviso, no porque no estuviera preparado sino porque con la ocupación del final de trimestre se me presentó de golpe, una etapa de más de treinta y seis años y constaté cuánta verdad contenían los versos de Gil de Biedma "que la vida iba en serio / uno lo empieza a comprender más tarde". Y tal vez porque estámaos al final del otoño, estación propicia para la melancolía, o tal vez por aquello de la "saudable", huella quizá de mi bisabuela portuguesa, o tal vez porque se aproximaba la navidad que es época de ausencias, quedé con la consciencia clara de ser prescindible y el sentimiento extraño de estar prescindido. Pero, al mismo tiempo, convencido de que otra generación con espíritu, ideas y sueños renovados, viene dispuesta a "llevarse la vida por delante", se abre paso y que nosotros la veamnos por aquello de que "Vivir es ver volver", que decía Azorín. Y así, serenamente, acudí a Don Quijote y me dice Manuel, "vámonos poco a poco, pues ya en los nidos de antaño, no hay pájaros hogaño".

   Muchas gracias.


Don Manuel Delgado rodeado de las que fueron sus alumnas y que ahora son profesoras del "IES Los Pedroches".



"Un profesor trabaja para la eternidad:
 nadie puede decir dónde acaba su influencia"
Henry Adams




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